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| Rosa Chacel. |
Antes de entrar en la materia literaria, me gustaría dejar constancia de mi participación en el proyecto Adopta una autora —si queréis saber más, clic aquí— con la adopción de dos maravillosas pero, en mi opinión, desconocidísimas autoras españolas: Clara Janés —de la que ya he hablado aquí— y Rosa Chacel. Ésta última quizá sea la que más rabia me dé puesto que, aun considerándola dentro del canon y admitiendo su indudable influencia en la literatura de autores posteriores —como la propia Clara Janés—, su mérito como autora ha sido más bien relativizado e invisibilizado debido en gran parte a su condición de mujer.
En vida, el reconocimiento que merecía le llegó casi a la tercera edad; incluso entonces —y a la vista de sus inestimables aportaciones— se le negó una y otra vez la posibilidad de tomar su justo asiento en la Real Academia Española; os dejo a vosotros cavilar el por qué. Ni siquiera se la incluye en las generaciones de escritores a las que pertenece y que se estudian en los colegios; aunque, si bien es una escritora fuera de cualquier clasificación, no hay duda de que su literatura influyó sobremanera en la literatura española del siglo XX y posterior.
Tengo la esperanza de que algún día Rosa Chacel recobrará el crédito que se ganó en su momento y ocupará el lugar que le corresponde dentro de nuestra literatura así como la del resto del mundo. En el proceso, yo os animo a que le hagáis un hueco en vuestras estanterías y leáis —escuchéis, toquéis, saboreéis, oláis— todo lo que sus letras os ofrecen, de esa manera tan apabullante y fiera que tiene Chacel de jugar con la realidad, con su mundo y con tus propios sentidos. Y qué mejor forma de hacerlo que enfrentarse a ella directamente a través de uno de los fragmentos que más me ha llamado la atención de su novela Barrio de Maravillas, en el cual ella misma se alza sobre la historia y los personajes para reflexionar a través de la voz de uno de ellos —Elena, trasunto de la autora— sobre uno de los conceptos que más la han fascinado a lo largo de su periplo artístico: la vocación y, en particular, la vocación artística.




