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27 ago 2017

Diarios II: No importa que no me lean






 Encuentro fortuito con la escritura, la enfermedad y Pilar Adón 

No importa que no pueda hacerlo, tengo que escribir. No importa que no sepa hacerlo como se debiese hacer, tengo que escribir. No importa que ahora mismo no halle forma de hilar una palabra tras otra, que tenga desmadejado todo mi universo de ideas. No importa, sobre todo, que no me lean; que no me lean hoy, que no me lean mañana, que no sepan nunca de mí sobre este papel y a través de esta pantalla. No importa en absoluto. Tengo que escribir, hoy, mañana, siempre. Y tengo que hacerlo sobre un papel, un teclado o en la misma tierra húmeda que puebla el bosque de mi mente.

10 ene 2017

Mis hábitos de lectura

IMAGEN: Fabrizio Mingarelli





¿Tienes algún lugar específico para leer en tu casa?


Sí, de hecho, tengo un lugar específico para lo que viene siendo el grueso de mi rutina de estudiante universitaria: el sofá pequeño, el que está frente a la televisión y bajo los ventanales del salón. Allí, cuando estoy sola, es donde leo y lo hago mejor, intensamente. Pero también me gusta mucho leer en mi cama, por las tardes, con la luz más fría y más gris de mi ventana. 

14 jul 2016

La magia del Slow Blogging

· imagen ·
Sabéis perfectamente que no soy muy constante en cuanto a actualizaciones en el blog; sin embargo, nunca me he sentido muy culpable por ello. Y es que soy de esas personas que creen que mejor poco y bien, que mucho y mal. Con esto no quiero decir que los que actualizan a menudo tengan contenidos de mala calidad, ni que los que actualizamos una vez cada tres mil años tengamos buen contenido; a lo que me refiero es a que, siendo bastante la gente que pone la constancia por las nubes - yo, alguna vez -, la frecuencia de nuestra actividad blogueril no es necesariamente proporcional a la calidad de la misma.

18 may 2016

De Parade's End, Sylvia Tietjens y el feminismo de lo cotidiano

Ésta no es una entrada que tuviera previsto escribir antes o mientras veía la serie. Lo cierto es que ha sido la misma –y no la (no) costumbre de dar mi opinión- lo que me ha dado una razón interesante para abrir una diatriba.

Por cierto, está basado en un libro.
En primer lugar, Parade’s End es una miniserie de la BBC que, con el habitual pretexto del drama histórico, nos presenta la historia de un triángulo amoroso entre el aristócrata Christopher Tietjens, su controvertida esposa y la cándida feminista Valentine Wannop, ambientada en Gran Bretaña a principios del siglo XX.

20 mar 2016

Recuerda quién eres

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"But if these years have taught me anything it is this: you can never run away. Not ever. The only way out is in." -Junot Díaz. 


Llevo un tiempo dándole vueltas a algo. Quién soy. He concluido que no debe importarme la respuesta, como siempre. Son preguntas como pozos sin fondo. Son preguntas de muchachos atormentados, demasiado jóvenes para haberse acostumbrado a la vida y a sus grietas. O a eso nos tienen acostumbrados, ¿no?

3 mar 2016

La forja del fracasado


ÉSTA ES UNA IMPRESIÓN PERSONAL, BASADA EN EXPERIENCIAS ACADÉMICAS CONCRETAS.

No sé vosotros, pero yo estoy un poco enfadada, y bastante decepcionada, y triste, muy triste. Últimamente son sentimientos compartidos por todos nosotros, víctimas de políticas muchas veces absurdas, injustas e ineficaces. Y sobre todo, desde donde a mí me toca, en el ámbito educativo. No es un secreto. Están anulando a las personas, al capital humano del país. Están deshaciéndose del potencial que podría convertir el sistema en el que vivimos en uno eficiente, mínimamente equilibrado y competitivo. Uno en el que se pudiera vivir, trabajar y rendir, tanto profesional como personalmente, de forma honesta y comprometida.

14 feb 2016

Uno

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Uno de mis grandes miedos es sentirme incomprendida, y que ello me remita a una soledad no deseada, al aislamiento, al miedo, al olvido. Por ello siempre intento satisfacer y conectar con todo el mundo, lo que a su vez ha causado que mi confianza y la seguridad en mí misma dependan casi exclusivamente de los demás, de sus palabras. Nunca he sabido definirme, y he dejado que otros lo hicieran por mí. Lo he ansiado incluso, porque sin su opinión me he sentido perdida. 

18 sept 2015

Me lo prometo


Si me seguís por Twitter seguramente os habréis enterado ya de que, después de dar muchas vueltas, me he matriculado en la carrera de Derecho. Sí, me voy a la universidad. Aún estoy haciéndome a la idea de mudarme, vivir "sola", elegir todas y cada una de las decisiones del día y enfrentarme a ellas  de forma totalmente independiente, a solas con las consecuencias. 

No sé si he elegido bien; no sé si el año que viene seguiré estudiando lo mismo o probaré con algo nuevo. En cualquier caso, no pienso conformarme. No quiero pasarme el resto de mi vida preguntándome qué habría sido de mí si hubiera hecho eso otro que tanto me llamaba la atención. Es cierto que acertar a la primera es toda una suerte; pero también existimos esas personas que necesitamos equivocarnos, que incluso deciden hacerlo, por el placer de aprender la lección y asegurarse de lo que sí quieren.

Sabréis ya de sobra que yo soy de esas personas que sufren miedo al fracaso, que están llenas de inseguridades y miedos y que normalmente dejan a los trenes pasar de largo. Llevo mucho tiempo intentando superar ese miedo, aunque no es lo me ha hecho tropezar y caer muchas, muchas veces. Y no todo ha tenido que ver con mi torpeza natural, sino que al no estar nunca al 100% segura de mí misma y de mis decisiones, he confiado mi vida a las opiniones o decisiones de los demás.

26 jul 2015

Cambiar es posible


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Si me hubierais preguntado hace un tiempo si creía que las personas podían cambiar, os hubiera contestado con un rotundo «no se puede cambiar, porque la acción misma procede de una previa voluntad de cambiar lo que por naturaleza es, y por tanto va en contra de nosotros mismos blablabla». Seguramente te hubiera hablado de madurar y te hubiera puesto mil metáforas que, dándoles un par de vueltas, se hubieran quedado en nada.

Pero de aquel tiempo a éste y analizando detenidamente la cuestión, creo que la voluntad de cambiar es algo adherente a nuestra naturaleza y a nuestra capacidad de adaptación. Si bien creo que la esencia de una persona permanece, nuestra actitud frente a la realidad está en constante renovación. Nuestra visión del mundo está sometida a influencias externas que se van intercalando con el tiempo, y que van afectando a nuestra vida diaria, haciéndose participes indirectamente de nuestras decisiones. Nosotros cambiamos simplemente porque nada a nuestro alrededor permanece igual de manera indefinida, y tomar conciencia de ello nos hará preguntarnos si debemos seguir fieles a una filosofía que ya no nos funciona o, por el contrario, debemos trabajar un nuevo enfoque.

A veces el miedo a traicionarnos y a salir de nuestra zona de confort nos ancla en una situación de actividad muerta y nos impide avanzar. A veces cambiar de rumbo nos permite conocer nuevos y mejores vientos, y arribar a islas que no soñabais si quiera que existieran, pero que siempre han sido nuestro destino.

A veces cambiar es dar un paso atrás y elegir otra dirección para volver a disfrutar del camino.




28 jun 2015

Refugio

refugio - ohmydeer
{IMAGEN}

Estoy cansada. De ese cansancio angustioso, nervioso, agónico, de ese no sé qué debería hacer ahora o no tengo ganas de lo que sea que quiera hacer ahora. Es como un sueño inquieto, o una espera tortuosa. Como las ganas de vomitar teniendo el estómago vacío. La lectura, como siempre, ha salvado mis ratos muertos. Me ha inducido las ganas de historias, de buenas historias. Pero yo no me acuerdo de cómo escribirlas, si es que alguna vez lo hice.

Hace unos días tuiteaba que me había quedado sin lugares a los que huir, y de algún modo es cierto. Imaginaos de pronto en mitad de la nada, mirando hacia todos lados y no encontrando ningún lugar al que llamar hogar. Imaginaos llamando intensa y desesperadamente a las letras que tanto siempre habéis amado, pero te han abandonado. Se han desvanecido. Las palabras en tu boca suenan estúpidas, sin sentido, sin merecer ser pronunciadas. Pero están ahí, están ahí. Dando patadas como un feto mal alimentado. Como un niño que no quiere salir, y no sale, o sale muerto.

No siempre he creído en los bloqueos de los escritores. Se escribe y no se escribe. Se escribe cuando se tiene algo que contar, y no se escribe cuando no se tiene nada que contar. Y así lo veo yo. Sin embargo, yo sí tengo qué contar, pero no sale. No sale, no sale, no sale. No quiere salir. Que no. No quiere nacer. Pero yo las patadas las siento igual. Y aprieto los ojos, y empujo las letras, y a veces las junto y otras solo es sangre, sudor y lágrimas.

Entended que no me gustan las tilas ni fumar, que los cafés me sientan mal y los calmantes y los chupitos mejor de uno en uno y de vez en cuando; yo necesito las historias. Las que leo, y las que debería escribir y me queman en la boca. Necesito contar. Contar de contar historias. Necesito escribir. Necesito parirlo todo de una vez, y oírlo gritar de vida, de sueños, de esperanza. Necesito susurrarle su nombre, y acunarlo cuando la soledad tiene hambre, o la imaginación llora. Necesito volver a contar una historia, una buena historia, y hacerlo bien. Aunque se me rompa la voz de tanto chillar de dolor. Necesito dar a luz a todos los demonios que me rasgan desde dentro. Necesito hacerlo. Necesito hacerlo para seguir viviendo. 

14 jun 2015

¿Qué es un blog personal?

blogging 1 - ohmydeer

· IMAGE BY TAMMY FOOTE ·

Hace ya un tiempo estuvimos celebrando el primer aniversario del blog, y en la encuesta que os preparé, algunos me sugeristeis entradas del tipo blogging tips. No me considero una blogger capacitada para hacer este tipo de cosas (para ello tenéis a la maravillosa Lorena), pero no puedo dejar de admitir que el concepto de blog personal me parece muy interesante.

En general, el hecho de tener/administrar un blog no deja de ser una tarea extra. Requiere tiempo, esfuerzo, creatividad, constancia y,  sobre todo, pasión. Pasión por lo que sea que quieres contarle al mundo; e ilusión para llevarlo a cabo con éxito.

Soy de las que piensa que todos tenemos algo que contar, pero no todos sabemos cómo hacerlo. Quizá por eso tengo este amor-odio con la blogosfera.

Si tienes un blog dedicado a un tema específico, lo normal es que el contenido prevalezca sobre el estilo del propio autor del blog. En un blog de literatura, por ejemplo, ya puede escribir Pepito el de los palotes que lo que me interesará serán los libros que nos enseña. Mientras que si nos decidimos por un blog personal, el asunto cambia drásticamente.

Porque, ¿qué es un blog personal?

El mío, al menos, un batiburrillo de cosas de mi interés que publico cuando puedo. ¿Es un diario? En cierto modo, sí. Pero, entonces, ¿a quién puede interesarle mi vida? Esa es una buena pregunta, pero me temo que aún no he encontrado una buena respuesta.

¿Cuál es el enfoque en este tipo de blogs? ¿Puede hablarse de calidad en cuanto a contenidos? Yo pienso que, siendo personal, se convierte en una cuestión de gustos, prácticamente, y que la calidad del mismo radica en el estilo, la originalidad y la dedicación del que escribe. Aunque luego nos interese más o menos de lo que hable.

Cada uno tenemos una forma de hacer las cosas, y aplicarlo y potenciarlo de forma creativa es la originalidad que yo considero como tal, no quiere decir inventarse nuevos temas o secciones, sino hacer algo totalmente común de forma diferente.

Encontrar nuestro propio estilo y no emular a quien querernos parecernos, es para mí el requisito indispensable para empezar con buen pie nuestra aventura blogueril personal. Aunque yo no soy quién para dictar cómo debe hacerse. 

Miradme a mí, haciendo de las dinámicas listas blogueriles un testamento infumable. Tendré más o menos éxito, pero yo seguiré contenta con lo que hago y, si os hace, hablaremos más en un próximo post de blogging o experiencia bloguera, ¿qué os parece? ¿Qué opináis del tema?

¿Qué es para vosotros un blog personal ''ideal''?
¿Cómo es posible que triunfe? ¿Podemos hablar de calidad en cuanto a blogs personales?
¡Contadme!

PD: También se agradecen preguntas o sugerencias sobre algún tema en concreto en el que estéis interesados para que os hable de mi opinión, se agradece :)


10 may 2015

I do not believe in time

i do not believe in time

me lo vais a perdonar porque es domingo...

«No creo en el tiempo», decía Vladimir Nabokov. «No creo en el tiempo». Pensadlo. Paladeadlo. Decidlo en voz alta y luego esperad en silencio. «No creo en el tiempo», saboread. El tiempo no existe. Tiempo. Segundos. Horas. Días. Semanas. Meses. Años. «No creo en el tiempo». Ayer. Hoy. Mañana. 2015. Mentira. Mentira. Mentira. El tiempo no existe.

La vida es algo complicado de explicar. Las personas son complejas en su propia complejidad. Y durante toda nuestra historia hemos sucumbido a la necesidad del orden. El caos parece ser más difícil de controlar. Y hemos inventado algo tan viejo como el pensamiento, más primitivo y obvio que el fuego o el lenguaje. No parecemos darnos cuenta de que hay algo que no responde a ninguna religión ni a ningún Dios al que venerar, algo tan implícito y sutil como el respirar. Que controla todo y a todos. Que nos espolea y nos arrastra incesante hasta el final. Es engañoso, es tirano, es cruel. No conoce indulgencia alguna. No perdona nada. Nosotros lo hemos creado, pero ya no es nuestro. Es un demonio inmortal que nos acompaña en silencio. Lo vemos detenerse, escaparse, esconderse. Tiene tanto poder que una vez ha caído el último grano, ha caído la esperanza.

«No creo en el tiempo», que decía Nabokov, autor de Lolita. «No creo en el tiempo». El tiempo no existe. Ahora, recordad: «Se ha acabado el tiempo»; «Queda poco tiempo»; «No nos da tiempo»; «¿Cuánto tiempo queda?»; «El tiempo todo lo cura»; «Se acaba el tiempo»;  «Tic. Tac». Recordad todas esas veces en las que nos hemos puesto el tiempo cual soga al cuello. Tic tac.

No es algo natural, es algo nacido de la necesidad natural humana. Pero como el principio o la creación, la duda y el tiempo y el final forman parte de nuestra historia. Pero ¿hasta qué punto la condicionan?

Ayer se me cayó el reloj al suelo. Hizo un ruido seco y fugaz como de un hueso de animal partiéndose, crujiendo en el silencio, como un disparo en la oscuridad. Lo recogí con un nudo en la garganta. Se le había estallado el cristal, mas un débil y constante chasquido me descubrió a las agujas aún girando, aún contando. Indiferentes. Y según me abrochaba la correa de cuero a la muñeca de nuevo, me pregunté esto que os pregunto yo ahora a vosotros: ¿Qué es esa sensación que nos asalta cuando perdemos la noción del tiempo? ¿Qué sería de nosotros si de pronto, un día como hoy, nadie tuviera hora y todas las manecillas, números, mecanismos hubieran dejado de contar? ¿Qué sería del mundo, tal y como lo conocemos, sin (el) tiempo?

17 feb 2015

REDES · EXPERIENCIA PERSONAL

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© STELLA MARIA BAER


A estas alturas no creo necesario, ni conveniente que sea yo quién lo diga, que las redes son medios poderosos y útiles a la par que peligrosos y realmente difíciles de controlar. Hablando desde mi propia experiencia, desde el día en que me uní a una red social éstas se han convertido en algo esencial en mi vida. Y no «esencial» como algo del todo positivo. Sí es verdad que me han permitido ampliar mi cartucho de conocimiento, mi saber qué está pasando en el mundo, y conocer a gente maravillosa. Pero de este mismo modo también me han llevado a situaciones incómodas, a tiempo perdido y a personas tóxicas.

Supongo que llegas al culmen de una red cuando no te importa si el número de seguidores sube o baja, o si tienes más o menos interacciones, o me gusta o retuit o lo que sea. Llegas a un punto en el que entras a la timeline de Twitter, que es la red que más utilizo, y según vas bajando por la página te vas dando cuenta de que hace mucho que te has desconectado de todo eso, de que no encajas en esa filosofía, de que personas que te interesaba mucho seguir ahora parecen quemar tu paciencia, o incluso dudas en tuitear sabiendo cuántas indirectas falsas pueden interpretar tus seguidores, o stalkers.

Esto último ya es la gota que colma el vaso. Desconozco si es normal virtualmente, o si los que sufrimos por esto somos casos raros. Mas no hay nada que encuentre más repulsivo de las redes que los acosadores. De cualquier tipo, en menor o mayor medida.

No me importa ni juzgo que los usuarios se paseen por sus cuentas favoritas de vez en cuando, para inspirarse o para acceder a la información que deseas en cuanto ésta se publique. Desde mi punto de vista no está mal, es más, yo lo he hecho. Pero de ahí a que se esté pendiente de cada movimiento de ya no un usuario en sí, sino de una persona y su vida en concreto hay un trecho. Ahí, se ha alcanzado el límite.

Sé que al estar públicamente en una red en la que tú publicas lo que te da la gana, te expones libremente a que la gente se recree en tu vida. El problema comienza cuando empiezan a creer que forman parte de ella, o que pueden juzgarla y mencionarla cuando les plazca. Y lo peor es cuando hacen sus propias interpretaciones de tus publicaciones, que siempre tienen que ir dirigidas a dichos acosadores. Error. Es frustrante e inaceptable.

A pesar de todo, siempre he pensado que en cuanto a mis casos de acoso o stalkeo o como lo queráis catalogar, ha sido culpa mía. Yo le he dado esa confianza al usuario en cuestión, una confianza que le ha dado la cobertura suficiente como para que, después de pedirle expresamente y de todas las formas posibles que no quería saber nada más, siguiera intentando contactar conmigo ya sea vía e.mail o por red social. Al principio piensas que estás paranoica, luego amigos te dicen que no, que da mal rollo, y luego ya te hartas. Mentiría si dijera que no me he informado ya sobre las vías legales que penalizan dicho trato si éste siguiera existiendo. A tal ha llegado mi exasperación, y son muchas las maneras en que podría llevarse a cabo. 

No obstante, espero no tener que llegar nunca a tales extremos, aunque no me temblará la mano si lo veo necesario. Por el contrario, intentaré focalizar, como conclusión, mi presencia en las redes sociales. Tratándolas a cada una de manera independiente, intentando manejar correctamente la información que en ellas expongo, y adaptándome a su correspondiente filosofía del sharing. Y desde luego, alejando mi vida íntima de ellas, después de esto no me cunde. Sobre todo Twitter, que se ha ganado bastante mi desconfianza, pero en el cual intentaré seguir estando presente por mis seguidores y compis de verdad, y mis lectores, vosotros, que al fin y al cabo, sois por lo que sigo ahí.

Después de todo este rollo que necesitaba contaros, agradecería MUCHÍSIMO que me dierais vuestra opinión o me contarais si os ha ocurrido algo semejante. ¿Cómo contempláis ahora mismo las redes? ¿Alguna que os rechine? ¿Alguna que encontréis idónea?



MERCI DE VOTRE VISITE! 

30 ene 2015

Las cosas o se hacen bien, o no se hacen (Enero)


Imagen de Alex Carrasco: algún lugar en Italia (2014)

He aprendido a querer mucho a Enero, mes en el que aún perduran las ilusiones y esperanzas puestas en el año nuevo. Nada más ver la foto de Alex, pensé en ello, y decidí postearla en el blog. En realidad es un pedazo de Roma al caer la noche, creo, o de algún lugar de Italia que visitamos. Hay una luz tenue, un color apagado y cálido, que me recuerda al hogar, y al frío. Sí, me recuerda a Enero. 

Empecé con muchas ganas el nuevo año. Tanto que subí una foto a Instagram, y a veces, aunque pocas y malamente pues mi móvil es una patata me paseo por allí. Os prometí también una review -no me gusta NADA la palabra reseña, qué escalofrío- del precioso libro de La invención de Hugo Cabret, del que seguro habéis oído hablar. Sin embargo, las cosas o se hacen bien, o no se hacen, y mi cámara, que de por sí no era nada del otro mundo, ha muerto, sí, y mi móvil es una patata, así que no ha habido movimiento en el blog. Ni lo habrá, hasta que me haga rica y me compre una cámara nueva y un móvil nuevo ya que estamos. ¡Pero ya estoy cumpliendo retos de lectura, eh! Novela gráfica, e historia en inglés  ✓ 

No digo que deje el blog en stand-by, pero ando desanimada. Me ha pillado la gripe, y estudiando, para qué queremos más. Todavía me duran los remordimientos de las rebajas, y hemos sufrido algún que otro problema técnico en la familia. Sé que hay que ser positivos, pero a veces me pregunto hasta qué punto, si somos realistas. No sé qué haré con lo de las fotos del libro, de momento habito mucho en Goodreads, y me he enamorado del blog literario de Laura. ¡Entretenimiento no falta!

Echaré de menos Enero, mes de las ilusiones, pero hemos de empezar Febrero con ganas. Yo me voy a terminar el prólogo de una historia que pulula por mi cabeza, y a seguir estudiando. Recordad que si puedes y quieres hacer algo, simplemente hazlo, pues alguien más lo hará. Y si no, pues a luchar un poquito más por poder, ya lo alcanzaremos. Pasito a pasito y con buena letra :)

Merci de votre visite! 
¡besitos!

30 dic 2014

PROMESAS

IMAGEN

La noche del domingo fui a ver la última entrega de la saga de películas de El Hobbit: El Hobbit, La Batalla de los cinco ejércitos; y aunque no vengo a hablaros de lo destrozada que me quedé ni de lo mucho que amé/odié toda esta aventura - pues ya lo he hecho aquí y aquí -; sí que debía mencionarla como poco. Es oficial y definitivamente la última adaptación cinematográfica del mundo de Tolkien, según Jackson, y que se acabe una de esas historias - me refiero a todo ESDLA y EH on screen - que me han acompañado desde que era una niña hasta hoy y siempre, me hace pensar en los finales, en que todo se acaba para bien o para mal. Y eso es progreso, a mi forma de ver.

No obstante, soy de ese tipo de personas - conservadoras, podríamos decir - que odian los cambios, y las sorpresas, y todo ese rollo del futuro incierto y excitante. Definitivamente no, no es lo mío. Y con eso es con lo que me amenaza el 2015, con cambio y progreso, pero ¿éxito o fracaso? Esto último me da mucho, pero que muchísimo pavor. En Mayo acabo el instituto. En Junio, selectividad. Y luego... luego ¿qué? ¿me cogerán en la Universidad y carrera que quiero? ¿Seré lo bastante buena para las expectativas? ¿Dónde viviré? ¿Y si no me cogen? ¿Y si sigo perdida? Son muchas dudas las que me asaltan, y que la mayoría sean del todo comprensibles en la situación no hace que las sufra menos. Pero supongo que este estado de incertidumbre, angustiosa incertidumbre, no es del todo malo. Las dudas se irán disipando, eso siempre, pero puede que la incertidumbre persista, y eso solo significará una cosa: estamos avanzando.

Así es como me consuelo yo al ver cómo este 2014 se me escapa por entre los dedos, como las últimas gotas de un torrente de decepciones y dolor y risas y llantos e histeria y angustia, y de sueños esporádicos e intensas emociones y dolores de cabeza y quemazones de garganta y uñas mordidas y picores de nerviosismo. Puede que alguna que otra alegría que ahora mismo se escabulle de mi memoria. He tomado muchas malas decisiones, y algunas buenas que me hacen terminar el año más o menos feliz. Me llevo muchas personas que me han sorprendido, otras que me han decepcionado, y seguro que otras tantas que como han venido se han marchado. No he cumplido muchos propósitos, como cabía esperar. También este año he faltado a mi palabra. No, no se han cumplido muchas promesas. Pero es que existe ese mañana, ¿sabéis? Muchas personas dicen que hacer listas de año nuevo es un rollo, una pérdida de tiempo, una tontería. Total, solo va cambiar una cifra. Pero todos necesitamos un punto de inflexión en algún momento, ya sea en un año que empieza, en la vuelta al cole de septiembre, en su cumpleaños, etc. Este es mi punto de inflexión - y el de tanta otra gente -. 

Quiero promesas por cumplir, sueños por alcanzar, el qué hacer que nos soluciona la vida. Y todo lo reuniré en una estúpida y mediocre lista de propósitos de año nuevo, que seguramente no cumpliré, como la anterior, y la anterior a la anterior. Y así. Mas es una manera de tomar aire y fuerzas, porque cambiar de cifra no es más que recordarnos que aún hay tiempo, y el tiempo es esperanza, y eso es lo más valioso que poseeremos en nuestra vida. Porque nos alienta a nuestro punto de partida: hay cosas que hacer. Y una de ellas es daros las gracias, por leerme - y por comentar a quienes lo hacen -. Muchas gracias por hacerme feliz.

PRIMER PROPÓSITO: DEVOLVEROS EL FAVOR.

(¿IDEAS?)


¡BESITOS!

♥


9 dic 2014

Honest writing, honest reading

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No sé cómo empezar esta entrada, solo sé que quería escribirla. Es realmente increíble cómo una historia puede influir en la tuya propia, cómo puede una novela conmover tu vida. No en un sentido sentimental, sino también de pensamiento, de convicciones, de filosofía. Remueve tus ánimos y descoloca tus perspectivas. Hace mucho que no escribo, escribir escribir. Pero, por el contrario, he gozado de una gran temporada de lecturas, de muy buenas lecturas. Todas y cada una de ellas me han aportado algo, me han inducido nuevas ideas y me han pasado el testigo, para que diga, para que escriba algo. Este boceto y otros muchos que se han escrito y están por escribir son el resultado.

Ya no escribo – lo que no quiere decir que no lo vuelva a hacer – lo que escribía antes, ni siquiera escribo historias, ni frecuento mis antiguos personajes. He descubierto de estas pasadas lecturas, un objetivo más limpio, más puro que todas esas experiencias sucias y denigrantes que recreaba. Ahora ya no observo cómo los personajes se hunden en escenas banales, inmaduras o aun insustanciales, esas que ya no nos llevarán a ninguna parte. Ahora ellos mismos buscan algo más elevado, mucho más razonable, igual que yo. Encuentran en la conformidad la seguridad de la rutina y en la moderada ambición el progreso del lugar que corresponden. No hay más conflicto que el que permiten ellos mismos, ni más tristeza de la que guardan. No hay rencor, ni siquiera arrepentimiento. Porque el camino les espera y no hay tiempo para mirar atrás, porque ya saben lo que hay allí. Ahora siento que escribo y que pienso de verdad. Y puede que esto sea absurdo y sinsentido, puede que no esté hecho para este tiempo que nos ha tocado vivir. Mas, desde luego, en algún lugar, en algún punto de la historia, será o fue aquello que quise pretender que fuera.

(por cierto, me gustaría de corazón saber qué historias han cambiado
vuestra manera de ver las cosas o han
sido importantes para vosotros en vuestra vida lectora y real,
besitos)

22 jul 2014

El arte de leer: ¿Lectores rápidos o lentos?

El otro día, leyendo un meme en el blog de Loba Roja me encontré con una confesión en la que aseguraba que lee rapidísimo: puede devorar 500 páginas en una tarde perfectamente. Y lo siguiente que decía era que tal hazaña había sido motivo de discriminación e injuria. 

Yo fruncí el ceño —o no cambié mi expresión habitual—. No he criticado nunca a este virtuoso grupo de personas, y no me malentendáis, nunca será mi intención hacerlo. Pero dejadme expandir por este rinconcito mi escepticismo —otra vez—. No pongo en duda que leer un tocho de quinientas páginas en una tarde —contando o no que sea domingo— sea posible, porque lo es.
Cuando tenía apenas trece años me leí El Señor de los Anillos en una semana a lo sumo, y devoraba las Crónicas de la Torre, Las Crónicas de Narnia o El príncipe de la niebla —este último es comprensible— en unas pocas horas. Pero ahora que miro hacia atrás, sólo veo disfrute, un buen sabor de boca. He crecido, y aunque parezca mentira mi mente también ha evolucionado. Sin embargo, a día de hoy leo bastante más lento que antes; puedo tirarme un mes leyendo un libro de quichicientas páginas a ritmo normal. Y aunque a veces me desespero y me gustaría pasar las páginas sin recrearme en las que necesitan más atención, dejo que la historia se deshaga lentamente. Soy de las que cree que un buen chocolate se toma a sorbitos ligeros y continuos, se saborea y se deja reposar mientras levantamos la vista. Por eso mismo también soy de las que se irrita INVOLUNTARIAMENTE cuando viene alguien y me dice que ese libro/chocolate con el que llevo toda la tarde se lo ha bebido de un trago en lo que dura un pestañeo. Y mi pregunta es: ¿os cunde? ¿vuestro cerebro procesa toda esa información —porque siempre que miramos bajo las palabras encontramos un enorme océano de información e interpretaciones— en una sola tarde? Quizás en los escritores sea más frecuente leer lento porque se fijan en millones de detalles que a lo mejor a un lector que sólo busca una buena historia no le interesan, mas dudo mucho que no haya escritores que también puedan leer tan rápido. Así que me queda preguntaros a vosotros, voces de la sabiduría. 

¿Pertenecéis a este grupo de súper lectores? Si es así, ¿os cunde, os basta? ¿Cuánto normalmente tardáis en leer un libro de por ejemplo quinientas páginas?  ¿Os llega tan poco tiempo para afrontar no sólo la historia sino todo lo que nos ofrece el libro? ¿Alguna vez os han discriminado por ello? ¿Leéis tan rápido a veces por cumplir plazos? ¡Contadme!

PD: Y, por supuesto, esta entrada no es más que por curiosidad, y por advertir que por mí nunca os sintáis ofendidos o discriminados por leer rápido a pesar de mis escépticas palabras, lo veo igual de respetable que tardar un poco más. 

23 jun 2014

¿Un autor, un género?

Hace ya varios años que escribo, que creo, que cuento historias. Mayoritariamente he leído mucha fantasía épica, y por consecuente o no, escribo también fantasía épica. He hecho algunos pinitos en el terror, el drama o la distopía. Casi siempre en prosa, aunque también he escrito poesía y canciones.

El caso es que en mis historias siempre ha predominado el género épico fantástico. Y, sin querer, me he encasillado como escritora —ese escritora muy entrecomillas—. Hace un tiempo empecé abrir mis horizontes con lecturas de géneros dispares como la literatura romántica y la verdad es que no me ha ido nada mal. Y el otro día, en clase —sí, aún andaba yo por clase—, me descubrí escribiendo algo que podía catalogarse como romántica (histórica(?) mezclado al parecer con algo de low fantasy (?)). Me reí, lo dejé. Pero cuando llegué a casa no pude más, y seguí escribiendo. Escribí como unas quince páginas a mano y sigo escribiendo a día de hoy. No sé dónde terminará esta nueva faceta, pero el hecho de replantearme el género al que voy a dedicar mis historias y mi futuro en una carrera de escritora —futuro en una carrera de escritora muy entre comillas— me hizo pensar y escribir esta entrada.








4 jun 2014

(Te voy a enseñar a) escribir una novela de éxito

«¿Quieres ser escritor de éxito? Entra aquí ¡ya!», «Tips para escribir una novela de éxito»... ¿No lo habéis leído nunca? Seguro que sí. Abundan las páginas dedicadas a los recursos para la escritura, que ofrecen tips semanales sobre cómo escribir, quizás no con ese título, pero es el objetivo final: enseñarnos a escribir. Y para no meterlas todas en el mismo saco: otras que nos ayudan a escribir (las pondré más abajo). 

{ imagen by htakashi }


Con lo que desarrollaré en la entrada puede que me creáis escéptica y una cínica. Pero ¿quién puede enseñarnos a escribir una historia? No es que no crea en ese tipo de páginas, es más, yo sigo unas cuantas, como Literaturas, Cafetera de Letras u Oficio de escritor. Me han ayudado a percatarme de algunos errores que, sin darme cuenta, cometía una y otra vez y que necesitaba que me lo mostraran antes de haberlo enseñado al público. Pero una cosa son los recursos para escritores, que nos ayudan, nos enseñan a avanzar y a mejorar nuestra técnica; y otra cosa muy diferente es tomarse la libertad de ir por ahí distando qué debe o no hacerse para escribir. ¿Reglas? ¿En la escritura? Perdona pero yo cuando escribo, simplemente escribo. Y no hay mejor manera de aprender que seguir escribiendo. Con todo el respeto del mundo, me parece de pedantes intentar establecer una especie de reglas que se supone que los escritores deben seguir para alcanzar el éxito. Creo que el objetivo principal de un escritor no es obtener el éxito, porque entonces no hace falta ni que escribas bien ni des lo mejor de ti, como bien sabe la autora del bodrio de Cincuenta Sombras de Grey, y mucho menos vas a pagar por un manual que te dice cómo debe desarrollarse una novela. Creo que un escritor de verdad busca superarse en cada obra, busca que cada una de sus palabras cale en el lector de manera positiva y que su creación pueda transmitir el mensaje deseado cada vez. Y si encima tienes éxito, puedes considerarte todo un afortunado y, además, buen escritor. 

¿A dónde quiero llegar con ésto? A que no nos tomemos esta especie de tutoriales para escribir «bien» —es que ni siquiera podemos etiquetarlo como bien— como si fueran mandamientos de un Dios Literario o algo parecido. Tenlo en cuenta, eso sí, puesto que puede enriquecer tu técnica y ayudarte a mejorar, pero no te lo impongas como si se tratara de una ley inquebrantable, que la debes cumplir a rajatabla. 

Querido escritor mío, si quieres escribir, escribe sin más. Ya habrá tiempo para más borradores y cosas técnicas. Escribe lo que deseas contar, no lo que desean oír. El que crea la historia eres tú y nadie más. Y recuerda que para aprender a escribir, para mejorarse un día tras otro, no solo hay que seguir tips —aunque prefiero las críticas directas—, sino seguir escribiendo, seguir cometiendo errores, y seguir esforzándose día a día. Presta tus oídos a la ayuda, pero no dejes que te digan cómo debes crear tu arte. ¿O es que nos queremos convertir en marionetas de los deseos y ocurrencias de otros?

¿No os ha molestado nunca? ¿Sois escépticos con este tema o soléis seguir este tipo de consejos? ¡Contadme qué pensáis! 

26 may 2014

CRISIS LECTORA + LECTURA RECOMENDADÍSIMA

Apuesto a que, como lectores voraces y consagrados que sois, habéis sufrido alguna vez una crisis lectora... ¿verdad? Esta crisis puede deberse a múltiples causas: unas altas expectativas echadas por tierra por un libro decepcionante, o por la consecutiva racha de decepciones literarias; aun tras leer un libro demasiado bueno por temor a que el siguiente —seguramente— no nos llene tanto; y el más habitual: la falta de tiempo libre, ya sea por trabajo, deberes, exámenes; entre otros, claro. Y las catastróficas consecuencias para nuestro «yo lector» son: libros a medias acumulados en la mesita de noche y/o escritorio, las listas interminables de lecturas deseadas, y la angustia que nos provoca nuestro feroz gusanillo por más y más y más libros; también entre otros. Que levante la mano el que —siendo un lector ávido habitual— no le haya pasado nunca... ¿Nadie? Ya me lo imaginaba.


Esta no es una entrada para recetar los posibles recursos que podáis usar para combatir esta terrible crisis. Es más, si hace uno o dos años me hubierais pedido consejo para salir de una crisis lectora os habría dicho algo como: «Tirad por vuestro género favorito, un escritor que ya conozcáis —y que os guste—, preferiblemente de pluma ágil y sobre todo, que sea una historia corta, ligera y entretenida, nada de tochacos».

Y, a día de hoy es el único consejo que se me ocurre, ¿qué aconsejáis vosotros? 

Pues bien, hace dos años o año y medio, entré en mi primera y mayor  crisis lectora ever. Leía un libro o dos por año —claro, sin contar los obligatorios—, unos siete u ocho abandonados a medias y unas dos filas de mi estantería de pendientes —más lo que tenía en mi lista de deseo—. Fue una temporada horrible, consecuencia de problemas personales —también fue cuando empecé a escribir, lo que se dice crear—. Y hubiera seguido así de no haberme topado con un tochaco de casi novecientas páginas, de un autor que me sonaba y de, al menos, mi género favorito, en el escaparate de mi librería. Lo observé un momento, entré, le señalé a la dependienta el susodicho y lo compré. Ahí empezó el retorno de la lectura a mi vida. Se puede decir que mi vuelta a las letras de otros, a las tardes enteras con la nariz enterrada entre las páginas y la mente envuelta en magia, fue por culpa de una sola pluma...
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