10 ene 2017

Mis hábitos de lectura

IMAGEN: Fabrizio Mingarelli





¿Tienes algún lugar específico para leer en tu casa?


Sí, de hecho, tengo un lugar específico para lo que viene siendo el grueso de mi rutina de estudiante universitaria: el sofá pequeño, el que está frente a la televisión y bajo los ventanales del salón. Allí, cuando estoy sola, es donde leo y lo hago mejor, intensamente. Pero también me gusta mucho leer en mi cama, por las tardes, con la luz más fría y más gris de mi ventana. 

10 nov 2016

Diarios I

· source ·

*

Me siento a la mesa de nuestro comedor-salón, colacao en mano. Me he despertado relativamente pronto —11:30—, pero por alguna razón ahora el reloj marca las 13:00. Suspiro y me dedico a mirar los cereales flotando en la leche, ya blandos y entumecidos. Los sigo mirando un buen rato, no me gusta morder ese cuerpo blando, ya empapado del líquido, qué asco. Sin embargo, levanto la cuchara y para dentro. «Venga, va, que tienes muchas cosas que hacer». Tengo mil pestañas abiertas en el ordenador, varios documentos, los auriculares puestos —ya es una costumbre—.  A veces escribo mensajes en el móvil, pero últimamente todo el mundo parece cansado, dejado, perezoso. Y me sobreviene a mí ese hastío que nos va matando ya a primeras horas de la mañana. La palpitación de que hoy será un día como el de ayer, sin variar en la textura del paso del tiempo, como un líquido espeso que se acumula en el cuello de la botella sin terminar de caer del todo. La mesa tiembla, mis brazos tiemblan sobre la mesa, el ordenador tiembla, y los dedos pulsan frenéticos la superficie del teclado. Escribir es lo único que me queda. Quizás, leer. Pero vivir como para dentro, y contar la experiencia hacia afuera. Esa es mi rutina. Ese es mi modo de vida. Sospecho que tiene límite, que me va a (terminar de) matar llegado el momento, pero es el único modo que me funciona. La única manera de encontrar algo por lo que seguir alimentándome de belleza. Porque la búsqueda de la belleza, exprimir hasta el último grano de luz, ese ha sido el centro de mi voluntad y mis fuerzas estos dos últimos años. Bellezas que se me agotan, que se me escapan, que nunca han sido mías.

31 jul 2016

IV: Cartas a un joven poeta




Worpswede, 16 de julio de 1903

«Si busca en la naturaleza, en lo más sencillo de ella, en lo pequeño, que casi nadie ve, pero que con tanta facilidad puede devenir grande e inconmensurable; si siente esa devoción hacia lo minúsculo e intenta, con toda sencillez, ponerse al servicio de todas esas cosas en apariencia pobres y ganarse su confianza: entonces todo se le hará más fácil, unitario y, de algún modo, tranquilizador, quizá no en el raciocinio, que se quedará atrás asombrado, pero sí en su conciencia, vigilia y saber más íntimos. Querido amigo, es usted muy joven, apenas ha empezado a vivir, y quisiera, en la medida en que me es posible, pedirle que aguarde con paciencia y resolución de todas las cosas que su corazón tiene aún pendientes, y que intente amar las preguntas mismas: imagíneselas como alcobas cerradas o libros escritos en una lengua que le es totalmente desconocida. En este momento no debe investigar en busca de esas respuestas que nadie puede darle, porque no podría vivirlas. Y lo que cuenta es vivirlo todo. Viva ahora las preguntas. Quizá poco a poco, sin darse cuenta, algún día lejano empiece a vivir las respuestas. Quién sabe, quizá lleva usted en su seno la posibilidad de crear y formar, como una forma de vida singularmente bienaventurada y pura; edúquese para ello, pero acepte con plena confianza todo lo que venga, y si surge de su voluntad, de alguna necesidad de su interior, asúmalo y no sienta odio hacia nada. El sexo es difícil, desde luego. Pero todo lo que se nos ha encomendado es difícil, casi todo lo serio es difícil, y todo es serio. Cuando se dé cuenta de ello y llegue por usted mismo, por su disposición natural y su manera de ser, a partir de su experiencia, infancia y fuerza propias, a establecer una actitud totalmente personal (no influida por las convenciones o la moral) hacia el sexo, entonces ya no temerá perderse y volverse indigno de su mejor posesión.»

CARTAS A UN JOVEN POETA, RAINER MARIA RILKE

Design: WS